El presidente electo, Danilo Medina, ha enfatizado la importancia que en su gobierno tendrá la actividad turística, y la define como la locomotora para el desarrollo. Su aspiración es el ingreso de por lo menos un turista por cada habitante del país, para que en un periodo de diez años, tal avalancha de visitantes supere el número de diez millones.
El país debe prepararse para esa meta, que quizás aparezca muy quijotesca, no por menos debe estimularse como un desafío nacional para que todas las fuerzas vivas se integren a una tarea que en países como España, Grecia e Italia superan la población de esos países.
Las condiciones del país, con su diversidad de los terrenos, desde las montañas hasta las playas y llanuras costeras e intra montañas, posee las condiciones para ofrecer, no solo el atractivo de un paisaje acogedor y estimulante para el desarrollo del turismo, sino que está en condiciones de brindarles a los que vivan del recurso productor de los terrenos, los alimentos necesarios para sostener lo que demandan los habitantes de la isla, unos 20 millones de seres humanos, más la millonada de extranjeros que nos visitan y nos visitarían cada año.
La calidad de los suelos, pese al pesimismo que caracteriza a los productores de estar siempre clamando estrecheces y quiebras, ha permitido y permitirá un aprovechamiento racional para ofrecerle a los millones de hombres y mujeres que anden por la isla, las proteínas y carbohidratos para su sostenimiento, permitiendo desarrollar una agricultura que, por la existencia de tantos hoteles, garantizará un aprovechamiento rentable de la tierra, que es negado por muchos. Pero la realidad es que el campo dominicano está produciendo todo lo que se demanda, pese a las tesis pesimistas y agresivas, que en los medios de comunicación evacuan cada día los "expertos" agrarios.
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